Serie Académica
Escuchar para calmar: musicoterapia receptiva en demencia
Escuchar la música que la persona reconoce como suya redujo la agitación, la ansiedad y los síntomas conductuales en personas mayores con demencia. No mejoró la cognición.

- 38ensayos
- 1.418participantes
- 14países, 1999–2017
Sinopsis
Un equipo de la Universidad China de Hong Kong (Tsoi y colaboradores, 2018) se preguntó si importa la manera en que una persona con demencia se relaciona con la música. Antes de este trabajo, los metaanálisis mezclaban todas las formas de intervención musical, así que no se sabía qué aportaba cada una.
Los autores compararon dos modalidades. En la interactiva, la persona canta, toca instrumentos o se mueve, casi siempre en grupo y con un facilitador. En la receptiva, escucha de forma individual música preferida o clásica en un espacio tranquilo. Cada modalidad se comparó con el cuidado habitual y con actividades no musicales, midiendo cognición, apatía, ansiedad, depresión, agitación y síntomas conductuales. Los participantes tenían entre 75 y 90 años en promedio y vivían en residencias, hospitales, centros de día y en la comunidad.
Lo que encontraron
Ninguna de las dos modalidades mejoró la memoria ni el rendimiento cognitivo frente al cuidado habitual.
La escucha receptiva, en cambio, redujo de forma significativa la agitación y los síntomas conductuales en siete estudios, y mostró señales favorables en apatía y ansiedad, aunque cada una con un solo estudio. La música interactiva, en el análisis principal, no mostró diferencias en ningún dominio.
La clave parece ser la familiaridad: la música conocida ofrece un punto de referencia estable a personas a quienes el entorno y los estímulos nuevos les resultan difíciles de procesar, y eso favorece la calma y los recuerdos.
Sus límites
La comparación entre escuchar y hacer música es indirecta: ningún estudio las enfrentó directamente, así que el título del artículo dice más de lo que los datos permiten afirmar. La conclusión principal descansa en pocos estudios, con resultados muy variables entre ellos, y algunos análisis complementarios también encontraron beneficios de la música interactiva. La calidad de los estudios es desigual.
Además, lo que el estudio llama «receptiva» es, sobre todo, escuchar música grabada, a menudo sin terapeuta. Eso es distinto de la musicoterapia receptiva como método clínico, donde la selección, la escucha y la elaboración ocurren dentro de una relación terapéutica.
Lo que propone
Los autores recomiendan incluir la escucha musical en residencias, centros de día y hogares, porque es sencilla, de bajo costo y sin efectos adversos conocidos. Sugieren conocer las preferencias musicales de la persona, hacer sesiones de 10 a 30 minutos en un espacio tranquilo e integrarlas a la rutina, por ejemplo en la mañana o antes de dormir.
La ven como una alternativa para quienes no pueden o no quieren participar de forma activa, y como una ayuda para reducir el uso de restricciones físicas y el estrés de los cuidadores. Piden más ensayos aleatorizados para definir la frecuencia y la duración óptimas.
«Escuchar no es un acto pasivo: cuando el mundo se vuelve extraño, la música conocida puede devolver un lugar de calma.»
FuenteTsoi, K. K. F., Chan, J. Y. C., Ng, Y.-M., Lee, M. M. Y., Kwok, T. C. Y. y Wong, S. Y. S. (2018). Receptive music therapy is more effective than interactive music therapy to relieve behavioral and psychological symptoms of dementia: A systematic review and meta-analysis. Journal of the American Medical Directors Association, 19(7), 568–576.e3.
